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Mis Perros

Todo ser no es igual a otro. Con relación a los perros es así, desde siempre tuve perros y son adorables.

En realidad esta página nació por ellos porque comencé a contar la historia de cada uno

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“Chila”

Cuando fuimos a vivir a Virreyes año 60, no había nadie, era campo. Así a lo lejos se veía alguna casita. Mi casa era chica pero el terreno grande y delimitado con alambre. Para tomar el colectivo, había que caminar 12 cuadras, las calles eran de tierra, y los altos pastos en verano cubrían todo el panorama.

Lo cuento como si lo estuviera viendo; tendría 5 años, y juntaba los diarios viejos que mi papá había ya leído y los llevaba al almacén a unas 3 cuadras, esta rutina era sin esperar nada a cambio. Seguramente era una buena acción. Un día fui a llevar lo que había juntado, y la dueña me dice “voy a premiarte, vení”. Yo pasé a la casa y vi una perra con muchos cachorritos. Y me dijo: “elegí uno”. Yo estaba tan feliz, y elegí a una perrita de color blanco sucio, después fue como “Blanquita” pero el color no era tan blanco y era más menuda.

La llevé a casa, y creo que a mi mamá no le gustó la idea, porque recuerdo que lloré mucho para que se quedará.

A  partir de ese momento, fue mi amiga, porque no teníamos vecinos, y por lo tanto no había chicos para jugar. Yo la vestía de nena, le ponía vestiditos y un pañuelo en la cabeza, e íbamos caminando por calle, llevándola de la pata y ella erguida caminaba con las 2 patas, la gente al paso se reía de las habilidades de mi perrita.

Pero todo no fue feliz, porque había en la casa otros perros machos, y cuando estaba en celo, se la ataba, y si por esas casualidades se soltaba, se escapaba a la calle, se ensuciaba toda, y se ponía entre los yuyos a mirar a mi casa. Y cuando yo corría a buscarla, se escapaba. El drama era cuando quedaba preñada. Porque mi mamá cuando apenas nacían los perritos, los ahogaba. Y la pobre, buscaba sus cachorros por días. Una vez , coincidió que una gata de mi tía, había tenido gatitos, y como la perra estaba desesperada buscando sus perritos, que ya no estaban, le dieron un gatito, que luego tuvieron que sacárselo, porque el gato de continuar al lado de ella, hubiera muerto de inanición, ya que las tetas de la perra, obviamente  era mas grandes. Le crearon a la perra una gran problema, porque ella creía que había tenido gatitos  y cuando escuchaba los maullidos de gatitos bebes, salía a buscarlos.

Pasaron los años y para mi verla preñada era un castigo, porque yo sabia que venia después. Y como era la encargada de cuidarla, no siempre podía cumplir con esa función. Y me sentía culpable. Jugamos como dos chicos, y las veces que podía, sin que nos viera mi mamá, dormíamos juntas. Las veces eran contadas.

Mi mamá falleció. Y un día cuando volví del colegio la encontré  envenenada, con mis escasos diez años, y sola porque mi papá estaba trabajando, la tuve en brazos y lloraba sin poder hacer nada. Porque en ese tiempo,  no tenia idea que las veterinarias existían, pero de saberlo donde debía llevarla, a cuantos kilómetros?, tampoco  había gente cerca.

Y murió. Cuando vino mi papá, la enterró en el jardín de casa.

Por eso, cuando veo una perrita preñada en la calle, sufro porque el tiempo paso y todo sigue igual, ya no se ahogan a las crías, pero ya crecidas las tiran en la Panamericana, para que las atropellen los autos.

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“Chiquita”  alias la Pichi

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Yo vivia en otro lado y venia los fines de semana a una casa que estábamos construyendo. Un domingo, se escuchaba unos gritos de perros, ladridos en la calle. Salimos y nos encontramos con esta perrita que estaba en celo y ya estaba preñada. La metimos adentro, estaba muy nerviosa porque los perros la habian atacado. La llevamos a un departamento. Posteriormente la castramos y cuando nos mudamos a la casa vino con nosotros.

Se sentaba a la mesa y comía sentada con las patitas apoyadas en la mesa. Una vez fuimos al campo y los chicos le pusieron una silla en la mesa y la sentaron, se comportó como una señorita de muy buenos modales

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“Negra”

Mientras estábamos en la casa nueva, todavía le faltaba el cerco perimetral. Los perros de los vecinos venian a dormir a la casa. Una noche salgo y veo un perro negro y pensé que era del vecino que realmente tenía uno muy parecido, le hablé y le hice mimos. En fin al día siguiente descubrí que era una perra y no se quería ir. Así que la adoptamos. Chiquita ya no estaría sola. Pero habia diferencias Chiquita dormía adentro, la Negra así decidimos llamarla (porque era toda negra) dormiría afuera. Estaba con el lomo pelado de un costado, según el veterinario le habrian tirado agua caliente. Y sí nunca le creció el pelo, pero como tenía pelo largo le cubría todo el lomo. Al final no se notaba. Era muy cariñosa, le gustaba mucho los chicos. Se quedó sorda y vivió mucho tiempo.

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“Juan”

A Juan lo trajó la Negra. Cuando nos íbamos a dormir compartían la cucha. Él tenía un dueño. Pero venía a casa. Una tarde llamaron a la puerta de casa y eran 2 mellizas que lo habían rescatado de un pozo ciego que su dueño lo había arrojado, ellas lo escucharon y con un hilo atado a un balde lo pudieron subir. Me lo trajeron con las patas llagadas en sangre. Lo recibímos. Y a partir de este caso, la prioridad fue cercar todo el terreno para que ya no entraran ni salieran nadie más.

Ya eran Chiquita, la Negra y Juan

Eran inseparables con la Negra, jugaban todo el tiempo. Eso si cuando pasaba su ex dueño le ladraba como queriendo irse con él. Una vez se escapó y está persona lo trajo a upa y me dijó Sra le dejó su perro.

Vivió muchos años afuera en su cucha cuando cumplió 17 años lo entramos porque se habia quedado ciego. Que bien se adaptó. Vivió 19 años y 8 meses.

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“Colita”

Pasaron los meses y un día trajeron a Colita, obvio que yo no queria más perros. Fue cachorra a comparación de los otros que cuando vinieron ya tenian como un año. Era grande, y era la única que le gustaba jugar a la pelota. Tenía su extremo de cola blanca por eso el nombre. Mientras era cachorra conviviamos bien. Pero cuando creció vinieron todos los problemas. La jefa era Chiquita. Afuera le seguía la Negra. Entonces las peleas eran constantes, Y Juan se unia a la Negra,  a tal punto que hubo que dividir la casa en 2. Colita se volvió incontrolable, hubo que atarla con una soga larga larga. Cuando se la soltaba había que cuidarla porque rompía las puertas de casa. Fue terrible. Todo le molestaba, los ruidos, los pajaritos. Fuimos a sesiones con un terapeuta pero no funciono.

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“Blanquita”

Vivia en una fábrica, y me la trajeron una noche , estaba preñada. Yo tenia ya 4 perros y esa noche en la cocina se pusieron todos en forma de medialuna , la observaban y la miraban desafiantes. Tuvo los perritos , pudimos ubicarlos. Posteriormente hicimos castrar a Blanquita, que de blanquita no tenía nada. Despues que yo me iba a trabajar saltaba la medianera de casi 2 metros y se iba. Volvia cuando yo regresaba, sucia, corriendo y agitaba a los otros perros, los enloquecia. Una vez volvió con un tajo en el lomo que le habían dado una cuchillada según el veterinario Por más obstáculos que le ponia los sorteaba. Estuvo días sin volver, y algún vecino me la traía, otras veces yo la iba a buscar.

Y un día se fue y no volvió más. Según los vecinos se fue con otro nuevo dueño. Era libre.

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“Berta”

La Rottweiler . Fue un ángel que vivió con nosotros. Tan dulce y cariñosa como grande que era de tamaño. Inteligente. Hermosa.

Vino cuando ya Juan tenia 18 años. Habíamos decido en vez de tener tantos perros , tener uno grande y  con presencia. A Juan le estiró más su tiempo de vida. No estaba solo y como esta ciego, él la seguía a todos lados.

Berta partió rápidamente en 8 años, tuvo cáncer. Se nos fue muy pronto.

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