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Gatos – Tus anécdotas

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“El Michi”

Eran como las 8 y media de la mañana de un domingo de verano, los ladridos de 2 de mis perros, en el jardín de adelante “Juan” y “Negra”, me despertaron, con “Chiquita”.mi otra perra de adentro, salí a mirar.

En la vereda unos 5 perros, mordían algo… como si hubiera sido un pedazo de trapo, que querían desgarrar a pedazos. Les grite y los corrí, y al abrír el portón para ver que era “eso” que atraía tanto el interés de los perros, con asombro vi a un pequeño gato… de 1 semana aproximadamente.

Tenia todavía los ojitos cerrados, parecía ya muerto. Como los perros venían otra vez, lo puse arriba del pilar de casa, y corrí nuevamente a los perros.

Al levantar el gato del pilar, ante mi asombro, se movía.

Maravillosamente estaba sano sin lastimaduras, pero era muy chiquito. Me dio lástima, el cruel abandono, y lo lleve adentro, mientras pensaba, que hacer?, yo no quería un gato. El gato era hermoso, su pelaje suave,  veteado como con amarillo anaranjado, tipo tigre.

Entonces llamé a mi veterinaria de cabecera, ja , ja. Y la Dra., me dijo que le diera leche tibia, y queso untable, pero hete aquí, que el gato no quería hacer pis ni nada. Siguiendo nuevamente las indicaciones de la Dra.  con un algodón humedecido en agua tibia le pasaba por la colita, para estimularlo para que hiciera sus necesidades.

Ahora si tenia un problema: un gato.

Con Chiquita  (como de 12 años en ese entonces) el problema era que le despertó su instinto maternal. Al gato yo lo colocaba en la mesada de la cocina para darle de comer, y ella subida a la silla de la cocina miraba que le hacia yo al gato. Mas tarde, como el gato quedaba sucio por la leche y el queso, ella lo lamía todo. Y pasaba su lengua a la colita, y entonces, el gato hacia pis, de esa manera suprimía yo, el trabajo del algodón. En fín, éramos una sociedad, ocupada en mantener al gato comido y aseado, y con sus necesidades básicas cumplidas.

Como los perros de adelante, tenían lamentablemente experiencia en ser muy malos, por la ventana de la cocina, con las patas golpeaban la alambrina para entrar, y arañaban  la puerta de entrada, cada vez que la abría, tenia que ponerme como una pared para impedir que sus instintos no pasaran a mayores.

Pero faltaba “Colita”, la guardiana de la parte de atrás de mi jardín, que era mas grande en tamaño, y antisociable, no mala pero nada le gustaba. Ella destrozaba la puerta de atrás con tal fiereza, que los arañazos dejaban huella en la gruesa chapa de hierro.

Mi casa, era un caos, por los distintos sentimientos que despertaba “el gato” en cada uno de mis perros.

Cuando llegaba la hora del té. Chiquita iba a buscar al gato a la canasta de mimbre de pan, que le servía de estar, y lo despertaba con el hocico. Éste se levantaba y si bien, apenas podía caminar porque era muy chiquito, le seguía sus pasos  como borracho, en el interminable pasillo hacia la sala. Claro mi perra Chiquita quería comer, y entonces buscaba al gato, para que fueran más.

Después de un tiempo, fui a una veterinaria de un shopping, a ofrecerles el gato y si bien tuve mucha suerte, me dijeron: “Ud. tiene que traerme el gato cuando coma por si solo, y nosotros lo colocamos en la vidriera con otros, y seguramente si es lindo, alguien pedirá llevárselo”.

Pero el gato no comía solo. Le compré una lata de Friskies, (de tamaño mas grande que el gato). El olor que emanaba de la lata hacia que el gato metiese  toda su cabeza en la comida y luego instintivamente se lamiera, y así aprendió a comer solo y algo sólido. Después obviamente pasaba por el aseo que le daba “Chiquita”con su lengua, quitandole los restos de comida, porque además, a ella, también le gustaba el Friskies.

Pronto el gato creció… y ya no quería los cuidados extremos de mi perra, y le tiraba el zarpazo, algunas veces jugando y otras marcando limites. Ya no se quedaba quieto, se escapaba por la casa, jugando, escondiéndose, era independiente, se colocaba en las puertas y maullaba a los perros de afuera y que decir de ellos?,  se volvían locos.

No se podía vivir. Chiquita ya estaba impaciente porque ella quería ser mamá y el gato quería salir y jugar solo. Con su espíritu aventurero y libre nos tenia a todos locos, más, acostumbrados siempre a tener perros.

Mientra, yo pensaba: como teniendo tanto espacio no podía decidir que el gato se quedara, y eran ellos, los perros quienes definían la situación.

Al final, llegó el momento, de la tan dolorosa separación, un viernes a la tarde, lo llevé al local veterinario del shopping y lo dejé con su alimento. Me fui llorando.

El sábado a la tarde,  no aguanté mas, y fui a verlo, ya no estaba. Tenia miedo de preguntar por él, pero finalmente entré.

Esa misma nochecita del viernes una nena  se enamoró del gato, y lo pidió. Se lo regalaron.

Fue como si un ángel travieso, hubiera pasado por mi vida, y por mi casa, por todas las emociones encontradas que despertó. Creo yo,  haber hecho lo mejor para el gato, y mi deseo es haya tenido, y tenga aún una vida placentera, después de tantos contratiempos con sus “amigos perros”.