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Cualquiera por E. Morini

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página en construcción

 

 

Por Eduardo Morini

Se levantó como todos los días, prendió la radio y se puso loco cuando escuchó, que la ruta y el puente, donde justamente el tenía que pasar estaban cortados por piqueteros, y para colmo, el tren estaba de paro.

Si me pego el faltazo pensó, total si me echan me tienen que indemnizar, el chupasangre del trompa que se arregle, pero bueno no es mi culpa, yo llego a la hora que puedo y gracias que voy.

Tomó su auto viejo, destartalado con sus cubiertas gastadas, y salió a andar la calle. Cruzó el semáforo de la esquina en rojo, como si casi todos los días, estaba apurado, zigzagueó por el tránsito, maldiciendo al taxista que sin apuro, descendía pasajero a metro y medio del cordón, al ómnibus atravesado, y al maldito peatón que en las esquinas, se arrojaba a su paso.

Aferrado al volante, meditaba acerca de las cosas de “este bendito país”, al final, “cualquiera” corta rutas, “cualquiera” viola la ley, “cualquiera” te mete la mano en el bolsillo, “cualquiera” estafa, roba, mata, viola y sale libre, “cualquiera evade impuestos”, “cualquiera” es senador, diputado, concejal, gobernador, presidente, o juez.

Estacionó del lado izquierdo de la calle, con la trompa 30 cm. dentro de la entrada de garaje, total, puede sacarlo igual pensó, y si no, que se joda, por tener el árbol solo para él, cruzó por el medio de la calle, y arrojó el final del pucho y el papelito del alfajor al empedrado.

Estaba contento, eufórico, ahora el era como “cualquiera”, que hermoso es vivir en libertad y democracia, hacer lo que uno quiere, cuando quiere y como quiere, tan feliz estaba, que no vio caer la maceta que “cualquiera” había colocado en la baranda del quinto piso.